Para los gestores culturales que buscan espectáculos de calidad y propuestas económicas viables, ponemos a su alcance conciertos,...
José Español (ca 1700-1758)
Canciones “a lo divino”
Ingartze Astuy, mezzo
NEOCANTES
Germán Torrellas Liébana, vihuela de arco, flauta y guitarra
Germán Torrellas Paz, violonchelo y vihuela de arco
Patricia Mora, órgano
Emma Mendo, oboe
Director: Germán Torrellas Liébana
Grabación: Javier Monteverde, Cezanne Producciones
1.- A la fuente de dulzuras, Al Santísimo Sacramento.
2.- Al monte, A la Asunción de Nuestra Señora
3.- Adórote mi bien, A Navidad y Santísimo Sacramento.
4.- ¡Oh, mística Rosa!, Canción con violín, a Nuestra Señora
5.- Cándidos labradores del orbe, Al Santísimo Sacramento
6.- Que sí, sí, sí, que no, no, no, Al Santísimo Sacramento
7.- ¡Oh, Admirable Sacramento!, Al Santísimo Sacramento, para ocultar al Señor
8.- Pare el sol, calmen las luces, Al Santísimo Sacramento o “indiferente”, A lo Divino
9.- Cristo mío, quien te vio, Al Santísimo Sacramento.
10.- Al convite, Al Santísimo Sacramento.
11.- Al golfo marineros, Villancico con órgano para Nuestra Señora en rogativa, por serenidad.
12.- Vengan todos a adorar, Al Santísimo Sacramento.
13.- Todas las naciones, Al Santísimo Sacramento
14.- Palomita del amor, A la Asunción de Nuestra Señora
NOTAS
Los grandes artistas, los creadores de talento, no siempre ocupan los lugares más preeminentes que sin duda merecen y en muchas ocasiones la historia los olvida y su obra no perdura y no alcanzan la fama y la gloria que quizá en otras circunstancias no les habría hurtado el caprichoso destino. Este es el caso de muchos de los maestros compositores de las Españas que ocuparon plaza en infinidad de localidades modestas, pequeñas parroquias o monasterios humildes, que no tuvieron la ambición suficiente para opositar a plazas más importantes, o que simplemente aceptaron su suerte y desarrollaron su actividad con dedicación y entusiasmo en el puesto que les deparó fortuna. A veces el azar propicia descubrimientos felices que nos dan a conocer autores sorprendentes que casi nos obligan, con su legado, a intentar sacarlos a la palestra y mostrar una pequeña parte de su obra. José Español es uno de estos músicos extraordinarios.
Gracias al musicólogo Raúl Angulo, organista como nuestro autor en Santo Tomás de Haro, que encontró una carpeta con algunas de sus partituras, conocimos de su existencia y con su ayuda inestimable pudimos llevar a cabo la publicación de su obra, en el Instituto de Estudios Riojanos, con profusión de comentarios, partituras originales y estudio pormenorizado de formas poéticas y musicales.
La biografía de José Español, que el propio Angulo confeccionó para nuestra recopilación, no aporta demasiados datos: “…Una vez que accedió al cargo, José Español no se movió de Haro hasta su muerte, ocurrida en 1758. Sin duda que en ello influyó la ausencia de problemas con los Cabildos eclesiástico y civil o con sus compañeros músicos, aunque las principales razones de su permanencia hayan de ponerse en la estimable remuneración percibida y en su condición de casado. Su salario era de 200 ducados anuales, más 45 o 50 ducados por el mantenimiento y enseñanza de un tiple. No era un mal salario si tenemos en cuenta los de los maestros de capilla de iglesias cercanas, mucho más importantes, como son la Catedral de Santo Domingo de la Calzada y la colegiata de la Redonda en Logroño. Por 180 ducados al año se admitió, en 1704, a Blas de Cáseda por maestro de capilla en la Catedral de Santo Domingo de la Calzada, si bien en 1706 pidió que se aumentara su salario hasta los 200 ducados. Y el maestro de capilla de la Colegiata de la Redonda, José Gómez, cobró 150 ducados anuales desde 1717 hasta su muerte en 1742. El hecho de no ser clérigo, además, cortaba su ascenso a las catedrales más importantes. Los maestros de capilla casados tenían que conformarse con los puestos de catedrales pequeñas, colegiatas o iglesias que pudieran permitirse tener maestro de capilla…” Sabemos pues que estuvo casado, y además que pasó dificultades económicas, cómo no, a pesar de su cuantioso salario y que mantuvo un largo pleito con el organero al que se encargó la reparación del órgano, en el que él mismo introdujo notables mejoras. Nada, por el momento, de su origen, quizá Cataluña (firma como Joseph Español). Tenemos por ventura su obra, el fruto de una vida sencilla dedicada en cuerpo y alma al arte de la música y la poesía…
Es realmente complicado abordar la interpretación de la obra de un músico y poeta tan singular como José Español, con un temperamento tan difícil de encuadrar en un estilo determinado, tan personal que sin renunciar a la herencia de los maestros del XVII apunta a veces maneras románticas muy adelantadas a su tiempo. Quizá la modestia de su destino como maestro y su alejamiento de los círculos más principales le permitió una libertad de expresión que otros no tuvieron y nos ha dejado canciones tan íntimas y tan apasionadamente afectivas como las que presentamos en este disco.
Después de varios años interpretando y estudiando su obra han sido al final sus partituras y principalmente sus textos las que, casi sin darnos cuenta, nos han marcado el camino.
A pesar de los pocos medios con los que cuenta en su modesta capilla harense y de su aparente sencillez, su música es esplendorosa y exuberante. Ofrece una variedad creativa sorprendente en la que las composiciones, siempre al servicio de los textos poéticos, desentrañan y desvelan una galería de impulsos expresivos que marcan con una minuciosidad conmovedora los “afectos” de cada villancico con sutiles inflexiones y matices y con una prodigalidad descriptiva arrolladora.
Atrapados en tan sugestivas redes hemos construido la interpretación. El carácter del canto, el fraseo, el color de la voz, el glosado y la ornamentación de que hace gala de forma magistral Ingartze Astuy, tratan de enriquecer y destacar precisa y puntualmente todo ese abigarrado y fascinante mundo de pequeños y sustanciosos detalles, esa espiritualidad íntima y melancólica que rezuma la música de Español . También la realización del acompañamiento y la segunda voz están siempre al servicio de esa característica primordial, ese leit-motiv de cada canción que parece conformar todo su desarrollo estructural, rítmico, armónico y expresivo.
La capacidad de Español para definir esa línea singular y particular de cada composición poética y ponerla en música, utilizando desde los recursos más evidentes a las interpretaciones teológicas más profundas, supone sin duda una de sus cualidades más llamativas. Desde la dulzura que mana de la fuente eucarística de la primera canción, con unas coplas por seguidillas (con bordón), sorprendentes e inesperadas, a la descripción casi obsesiva de las carreras de los zagales “que se nos va María por los aires…” pasando por el recogimiento místico y sumiso del Adórote mi bien; o la ingenua candidez de los labradores del orbe; el éxtasis embelesado del ¡Oh, admirable!; el contraste entre la grandeza y la humildad, casi una duda para ensalzar la fe “a fe, a fe, que necesita de fe”, del Cristo mío; el sorprendente minué de ¡Oh, mística rosa!, una danza elegante y sosegada para nuestra Reina y Señora; el batir de las olas de Al golfo o el movimiento incesante de los astros en Pare el sol; la lección magistral de teología popular “que sí, sí, sí, que no, no, no”; la invitación incontestable “al convite que amor nos ofrece”; el aplauso entusiasta de todas las naciones y la despedida entrañable, doliente y desconsolada de Palomita la del amor con “te vas a Dios” o quizá “te vas, adiós”.
Un crisol abigarrado de esencias sublimes. Una profusión de contenidos espirituales contados y cantados desde la sensibilidad más exquisita y refinada. Un gozo, en fin, para las almas atribuladas de los tiempos modernos, que nos regaló José Español hace casi trescientos años…
* * *
La formación instrumental, vihuela de arco, oboe o flauta para la segunda voz, y violonchelo y guitarra para el acompañamiento es la habitual en nuestros conciertos, con la inestimable colaboración, para la grabación, de la organista Patricia Mora, que desde el comienzo se involucró en el proyecto y ha aportado su buen hacer a las obras con órgano obligado y, junto con el bajo preciso y creativo de Germán Torrellas Paz, al acompañamiento.
Ha sido también fundamental en el resultado final el trabajo de Javier Monteverde, que ha conseguido que el grupo y la voz de Ingartze suenen como un “directo”, formato ideal sin duda para escuchar esta música.
Nuestro agradecimiento sincero a la SEDEM y a su presidente Lothar Siemens Hernández, por confiar en nosotros y proporcionarnos la posibilidad de editar este disco.
Gracias a Emma Mendo que nos aportó desinteresadamente su arte y maestría
Gracias, como siempre, a Raúl Angulo por su ayuda y su apoyo en el descubrimiento de José Español.
Y a Germán (hijo querido) e Ingartze (esposa amada) que son, en realidad, con su talento y entusiasmo, a más de apoyo y soporte de este músico gastado, los verdaderos artífices de esta grabación.
Germán Torrellas Liébana













