Para los gestores culturales que buscan espectáculos de calidad y propuestas económicas viables, ponemos a su alcance conciertos,...
Diario de Avisos, 21 de febrero de 2002
"EL ENCARGO POLÍTICO": TEATRO MUSICAL
Miguel-Ángel Aguilar Rancel
Uno de los acontecimientos más atractivos de la presente edición del Festival de Música de Canarias tuvo lugar en la noche del martes con el estreno tinerfeño de la ópera de cámara del compositor grancanario Lothar Siemens. El estreno mundial tuvo lugar en Las Palmas de Gran Canaria el día 17. Se presentó fuera de abono ya que, aún corriendo a cargo del Festival, no había sido expresamente encargada por éste. De hecho, la obra ha conocido una larga génesis que se inicia en torno a 1989 y ha llegado casi hasta el momento del estreno, en la fructífera colaboración con cantantes y el propio director, Germán Torrellas.
Todos los planteamientos y objetivos que el autor hizo suyos en el transcurso de la charla ofrecida por la mañana en el Conservatorio de Santa Cruz fueron los que pudo encontrar por la noche el público. La obra, de unos 75 minutos de duración y escrita para flauta, oboe, fagot y trompeta, violín I y II, viola, cello, contrabajo y dos percusionistas, dobladas las partes de cuerda en aras de una mayor presencia sonora. La escenificación de Ernesto de Diego, sucinta pero efectiva, subió a los miembros de la madrileña Orquesta Milenium y a su director al propio escenario, separados del proscenio en que se movían los cantantes por un velo, que sujeto a diferentes iluminaciones podía ocultar (recitativos) o visualizar (arias) al grupo instrumental. El espacio anterior contaba con unos pocos aditamentos mobiliarios que redundaban en una narración ágil y despojada, muy acorde con la propia naturaleza del decurso musical y dramático.
Siemens planteó la ópera como una pieza que mediante la perfecta unión de un libreto adecuado (escrito por él mismo) y de recursos musicales "económicos" lanzase a la escena acontecimientos reales y cotidianos, que la gente pudiese hacer suyos. Ello cristaliza en una parodia del mundo de la política y la gestión cultural llena de guiños y citas. El humor deshinibido y desinfectante del que hace gala, la rabiosa actualidad, encuentra soporte musical en una ópera "de números", que apuesta por la recuperación del parámetro melódico. Así, un recitativo anguloso, más melódico que el barroco, y muy expresionista va acompañado de instrumentos solistas y conduce la acción. Desemboca sin censura en arias que dan cuerpo a las pasiones, "pasiones" contemporáneas como la avaricia, la ambición y la mezquindad, en un mundo ético donde no hay buenos. Les dan cuerpo los tres cantantes, una mezzo barroquista, un bajo dodecafónico y una soprano romántico-flamenca, que encuentran en la parodia musical de formas musicales historicas, una expresión estilizada y distorsionadas de sus perfiles. En ellas se lucieron la mezzo Ángeles Tey, el bajo-barítono Francisco Santiago y la soprano Ingartze Astuy. El "compositor", encarnado por Felipe Nieto, un tenor agudo, y el "político" del barítono Carmelo Cordón, destacaron igualmente en los recitativos y grupos concertantes. El lenguaje, ecléctico y muy personal, es deliberadamente cristalino y camerístico, muy económico, sin ninguna concesión a lo supérfluo. Ello encuentra eco en el modo en que Siemens recurre en arias e interludios instrumentales a la constante repetición de motivos o frases, que casi sin variación crean un efecto intensamente hipnótico en el oyente: el horror moral de la narración nos despega de la propia realidad. La manipulación del lenguaje, con sus melodías "desdibujadas" y sus contextualizadas concesiones a una inquietante disonancia, se unen al tono cabaretero y las citas de materiales "españolistas" en un hilo narrativo-musical, tan efectivo como el autor pretendía, pero tal vez más perverso de lo que imagina.
Es esta fusión sin pretensiones de dos elementos sintéticos, pensados el uno para el otro, lo que más que en ópera, nos hace pensar en "teatro musical", una alternativa rabiosmente contemporánea. Esta fórmula, que en su adecuada escenificación confirma su viabilidad y sugiere su repetición, ha encontrado en Lothar Siemens un artesano-humanista, pleno de invención, sabiduría y sentido del humor, una simbiosis sorprendente cuyos frutos han encontrado en el público una reacción a la altura de sus logros y expectativas.













