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La Provincia, 19 de febrero de 2002
XVIII Festival de Música de Canarias
TRIUNFO DEL INGENIO EN LA ÓPERA DE SIEMENS
G. García Alcalde
Un libreto satírico que funciona teatralmente y una música ingeniosa que dobla su intención y le da vuelo explican el éxito formidabl de "El encargo político", ópera de cámara en un acto que abrió el domingo, en el Teatro Cuyás prácticamente colmado, una nueva línea del Festival de Canarias: la ópera escenificada. El autor de texto y música, Lothar Siemens, contó para ello con el excelente equipo de cantantes de Arte 4 y la Orquesta de Cámara Milenium, dirigidos por un gran profesional, Germán Torrellas; y con un director de escena, Ernesto de Diego, avezado y de ideas claras. Todos, con Siemens en cabeza, recibieron ovaciones calurosísismas en un estreno del que salimos sonriendo, gratificados por un texto repleto de humor, una música deliciosa en sus acentos populares o refinados y una dramaturgia ejecutada con ritmo y agilidad.
El acierto de "El encargo político" reside en la perfecta avenencia y equilibrada proporción de todos sus formantes: las cargas críticas del argumento, la directa comunicatividad de la palabra (plenamente inteligible en la vocalización), la admirable plasticidad de unas ideas musicales que hablan por sí mismas y la eficacia de un juego escénico que lvisualiza el ritmo de todo lo anterior. Siemens se desenvuelve con saber y desahogo en un concepto sincrético y omnicomprensivo de la música, muy fin de siglo en términos estéticos, pero sutilmente vinculado a otro género de síntesis: la dieciochesca y espeñolísima tonadilla escénica. Como en ella, en "El encargo político" coexisten lo culto y lo castizo, los guiños de estilo (barroco, romántico, nacionalista, dodecafónico...) y la inequívoca identidad del autor, su regusto armónico, su manera de construir melodía, previamente troquelada en cuadernos de canciones.
La orquestación transparente (11 instrumentistas producen el tutti, aunque en el estreno hubo arcos reforzados), la expresiva locuacidad de los solos, la exigente prosodia del canto y su acompañamiento, la ironía latente en los esquemáticos contínuos (un fagot, fagot y violonchelo, xilofón, etc.) y el brillante rendimiento exigido a las voces musicalizan con autoridad y agudeza una trama que es seguida con la risa en los labios y deleite en la imaginación. La ópera rescata con este título su carácter teatimonial de lo cotidiano, su potencialidad humorística, su incisividad en la denuncia de conductas contemporáneas, tanto más eficaz cuanto más amable en apariencia. Porque el agradecido regocijo no pierde de vista el varapalo al circuito de favores políticos y corruptelas solapadas en iniciativas culturales que son tan reales como la vida misma.
De esta delicia son inmejorables intérpretes el tenor Felipe Nieto, de timbre ligero y gran extensión aguda (con varios "si" y "do" naturales en su parte), incansable, siempre fresco de timbre y generoso de aliento; la soprano Ingartze Astuy, de gratísimo color y magnífica emisión en las alternativas de fraseo largo y ornamentos españolistas de su preciosa aria romántico-nacionalista; la mezzosoprano Ángeles Tey, rotunda oratorista barroca en un aria da capo que le salió bordada; el barítono Carmelo Cordón, bien timbrado en la amplia sonoridad de su proyectda voz, muy buen intérprete; y el bajo Francisco Santiago, desopilante de comicidad pero seguro en la difícil interválica de su "son postdodecafónico" (una página tabién sorprendente en lo orquestal). Cantantes e instrumentistas siguieron como un mecanismo de reloj los tiempos de la batuta, contrastados en la diversidad de un conjunto muy ágil. Germán Torrellas privilegió en los dos importantes fragmentos orquestales (introducción e intermedio) la fina escritura de Siemens, esa simbiosis de clasicismo y casticismo que colorea toda la ópera. Los cinco cantantes y los instrumentistas que participan en la acción -singularmente la fagotista- siguieron con naturalidad, en el punto justo de la caricatura, el juego marcado por el regista De Diego en una escena muy limpia de atrezzo y confiada básicamente a la presencia humana y a las luces. El Festival 2002 se anota otra victoria con su cuarto y último estreno, ubicado en las antípodas de los anteriores.













