LA MÚSICA DEL "QUIJOTE" , miércoles 19 de octubre de 2005
La celebración del cuarto centenario de la publicación de El Quijote animó a la formación NEOCANTES a afrontar el reto de interpretar todos los textos poéticos cantados y contados en la novela del Ingenioso Hidalgo, puestos en las músicas que tuvieron en su tiempo.
El resultado final ha sido sorprendente. En el concierto, a pesar de conservar el carácter satírico y el cómico patetismo que resuma la obra, cobra mayor importancia la espiritualidad de fondo que no es tan evidente en la lectura. La poesía adquiere así una fuerza expresiva, una pasión íntima y ardiente que despierta emociones inesperadas: la amargura, la soledad y la locura. Pero también la amistad, la lealtad y sobre todo; el amor. Ese amor cortés que aunque se ridiculice hasta la saciedad sigue quemando las entrañas y turbando el ánimo.
Un certamen que encandila...
Un excelente sabor de boca dejó en la nutrida concurrencia el espectáculo La Música de El Quijote, presentado en el Gran Teatro por la compańía Neocantes, bajo la dirección de Germán Torrellas, que además cantó, en la cuerda de bajo, y tocó la viola de gamba, aparte de realizar las pertinentes explicaciones sobre el conjunto y las piezas a interpretar.
De entrada, Torrellas aclaró que se trataba de un encargo realizado dos ańos atrás, para la celebración del cuarto centenario de El Quijote, que en modo alguno pensaban iba a tener la trascendencia y auge que está teniendo. Y en esa tarea realizaron un exhaustiva tarea tanto la selección de los sonetos como en la búsqueda de música, en las fuentes del siglo XVI.
Y comenzó el largo programa, contando con la intervención de ocho intérpretes, Ingartze Astuy, una excelente soprano, siempre con la sonrisa en los labios, Marta Bornaechea, contralto, con buena voz, muy seria ella; César Carazo, tenor lírico, con la precisa y ajustada voz; el citado Germán Torrellas, y los músicos, Juan Portilla, Germán Torrellas Paz, Josías Rodríguez y Carlos Granados, con distintos instrumentos de aire, cuerda y percusión.
Un programa realmente encantador, que iba precedido de la lectura en verso de los poemas escogidos, mayormente a cargo del director, pero también de la soprano, a la que seguía la interpretación musical, menos en un caso, con el popular poema ¿Quién menoscaba mis bienes?, que acompañados a la guitarra, lo recitaron respondiéndose uno a otra.
Ya en las postrimerías del concierto, Germán Torrellas anunció la interpretación de La Justa, con una loa en memoria de su autor, Mateo Flecha El Viejo, de quien estimó no se ha hecho justicia, habida cuenta su valía, lo que quedó bien patente al interpretar la pieza, la más larga de todo el repertorio, con una serie de variantes, de voces, de ritmos, impropios de aquella época y que bien se podrían encasillar en los siglos posteriores.
Este podría haber sido el broche, muy brillante por cierto, por su espectacularidad, de la velada, pero interpretaron dos piezas más, la última, Romance del enamorado y la muerte, de Juan del Encina, que precisamente habían elegido para el cierre. Una gran ovación final, hizo justicia al excelente espectáculo ofrecido.





